Es un sentimiento, que no puedo parar...
El fútbol y la música son pasiones que una vez cruzaron sus caminos. Desde la tribuna, unos segundos antes del ingreso de los jugadores de tu equipo podés cogotear y ver como alguien (que bien puede ser un empleado del club local, o un jugador de la reserva) desde la boca del tunel o de la manga inflable arenga mirando hacia la tribuna anunciando la inminente entrada de los protagonistas, ahí alguien en el seno de la parte más entusiasta de la hinchada da la orden y entonces en forma escalonada todo el público empieza a entonar: “Bicho, mi buen amigo, esta campaña volveremo a estar contigo...”
Generalmente la canción de la bienvenida es siempre la misma y el repertorio de los noventa minutos varía según las circunstancias del encuentro: Por ejemplo, si tu equipo a los cinco minutos ya tuvo dos tiros de esquina a favor se escucha: “Vamos Millo vamos, pongan huevo que ganamos...” Si tu equipo va ganando y además está jugando bien, la hinchada hace sonar las canciones que prestan atención a las desgracias del equipo rival ocasional o (siempre está presente, sin importar si se lo está enfrentando o no) del equipo rival de toda la vida. “Vos sos de la B” es un clasico. A Ferro, por ejemplo, de visitante se le cantaba: “Ferro yo tengo un cagazo, que esta cancha de mierda (refiriéndose al mítico estadio de tablones del barrio de Caballito) se venga para abajo”. “Ohhh... sólo tiran piedras, son los putos de Savedra” ironizaban los versos sobre la antigua costumbre de los simpatizantes de Platense de arrojar cascotes de diverso tamaño hacia las gradas visitantes, por lo general una vez finalizado el partido. A Independiente se le canta por su amargura, es decir que a través del canto se les achaca, justamente,que no cantan. A los de Boca porque son bosteros, se los relaciona con el estiercol y se los discrimina por ser villeros, de Bolivia y Paraguay, es como si a los simpatizantes del Real Madrid se los descalificara por ser re portugueses, por ejemplo. A Racing porque es un importante club que en los últimos 45 años fue campeón solo una vez y porque “Ni en la B pudo ser campeón”. A River, porque son gallinas, y ahora por haber descendido a la segunda categoría, un hecho histórico que ha activado el ingenio hasta hacer explotar las mentes más retorcidas. A San Lorenzo porque en cien años de historia nunca obtuvo un logro internacional y porque “Como no tienen cancha, tienen supermercado, y los domingos a la tarde (en lugar de disputar sus compromisos deportivos) van a hacer los mandados.
Según un informe de Javier Bundio el uso del canto para expresar las emociones futboleras tienen su origen, como el fútbol mismo, en Inglaterra cuando finalizaba el Siglo XIX. En Argentina se comenzaron a usar los cánticos en las canchas junto con la profesionalización de este deporte, al principio a modo de coplas murgueras enalteciendo las mejores características de los mejores jugadores, con el correr del tiempo el hincha fue diversificando y enriqueciendo las canciones hasta que en el año 1997, con la televisión ya afincada en el seno del deporte y (principalmente) en el negocio del deporte, nace el programa El aguante. Con la aparición de este fenómeno el hincha pasa al primer plano dejando relegando al propio fútbol y a sus resultados a simples hechos anecdóticos. Podría decirse que, en Argentina, en la decada de los noventa se dio el punto de origen de la legitimización de esta disciplina: La canción de tribuna. El top five, algo así como los 40 principales, comenzó a premiar a las hinchadas más ingeniosas, las más hirientes, las más conmovedoras.
A tal punto se desarrolló en Argentina este metadeporteque en Europa quisieron conseguirlo. En España puntualmente no se destacan por romperse el craneo produciendo canciones para alentar desde las tribunas: “Es una niña, el arbitro es una niña” o la simple mención del nombre y el apellido del futbolista: “Andrés Iniesta, oh oh oh, Andrés Iniesta” demuestran cierta ingenuidad, por no mencionar el desgano, con que se componen estas canciones. En ocasiones los cánticos que bajan desde los modernos estadios españoles se limitan a simples gritos onomatopéyicos: “Ohhhes”, sin más.Lo más elaborado e ingenioso que se escuchó en un estadio ibérico es: “Ese portugues, hijoputa es”. Cuando promediaba la década de 1990 los jugadores argentinos del Atlético de Madrid (Simeone, Biagini, entre otros) recibieron la encomendación de grabar en casetes los elaborados cánticos de las hinchadas rosarinas o bonaerenses, quien escribe desconoce si el encargo se llevó a cabo, lo cierto es que las canciones futboleras españolas no han evolucionado demasiado. En todo caso tal vez reconocieron que su fuerte no esta ahí, en las voces que bajan de las gradas, que son mejores dialogando con el balón en los pies.
Sea como sea la canción de tribuna es real y lleva años desarrollándose, y para aquel que alguna vez la entonó, dejando la garganta en el frio cemento o el endeble tablón de un estadio, sabe de primera mano que el cantito es un premio que el hincha le otorga a su jugadores o un castigo que se entrega por el mal desempeño, pero el hincha también sabe que ese mismo canto, a la vez, sirve de descarga propia cuando se pierde y de expresión de inmensa alegría cuando le ganaste a tu rival, que se expresa a modo de canción, mientras ellos abandonan la tribuna cabisbajos, desde lo más profundo de tu ser.








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